Las velocidades de descarga móvil en zonas rurales son 78% inferiores al promedio rural de la Ocde.
Cada gobierno llega con una lista de prioridades. Seguridad, empleo, salud, educación, crecimiento económico. Sin embargo, hay una decisión que atraviesa todas esas agendas y que rara vez ocupa el lugar que merece en la conversación pública: conectar a la Colombia que sigue desconectada.
Hoy la conectividad determina quién accede a educación de calidad, quién puede participar en la economía digital, qué empresas logran competir en igualdad de condiciones y qué territorios tienen mayores oportunidades de atraer inversión y generar desarrollo.
En una economía impulsada por los datos, el acceso a internet se ha convertido en una infraestructura tan estratégica como una carretera, un puerto o una red eléctrica. El problema es que Colombia sigue llegando tarde y de forma desigual a buena parte de su territorio.
Un informe de la Ocde advierte que el país presenta uno de los mayores rezagos de conectividad rural entre sus miembros. Las velocidades de descarga móvil en zonas rurales son 78% inferiores al promedio rural de la organización y la banda ancha fija se encuentra 43% por debajo de ese referente. Más preocupante aún, el 58% de los hogares rurales y remotos continúa sin acceso a internet.
Detrás de estas cifras hay consecuencias concretas. Son estudiantes con menos acceso a herramientas de aprendizaje, productores rurales con mayores dificultades para comercializar sus productos, emprendedores que operan con menos información y comunidades enteras que encuentran barreras para acceder a servicios financieros, trámites digitales o atención especializada en salud.
La conectividad ya no es únicamente una política social, es una política de competitividad. Así lo validan cifras del Banco Interamericano de Desarrollo, entidad que ratifica que un incremento del 10% en la penetración de banda ancha puede asociarse con aumentos del 3,19% en el PIB y del 2,61% en la productividad en América Latina y el Caribe.
Conectar más territorios significa generar más oportunidades económicas. Y esa discusión es especialmente relevante para Colombia porque buena parte de su potencial productivo está lejos de los grandes centros urbanos. Agricultura, minería, energía, petróleo, logística y transporte desarrollan gran parte de sus actividades en regiones donde la conectividad sigue siendo limitada o intermitente.
En estos sectores, disponer de información en tiempo real permite optimizar operaciones, mejorar la seguridad, aumentar la productividad y fortalecer la competitividad.
Por eso las diferentes modalidades de conectividad merecen un lugar dentro de la agenda nacional, ya que entran a reforzar la potencia de la fibra óptica o las redes móviles y acelerar la llegada de conectividad a territorios donde las barreras geográficas, económicas o de tiempo han retrasado durante años el acceso digital.
En un país con la diversidad geográfica de Colombia, pensar únicamente en una solución sería un error. Según el Departamento Nacional de Estadística (Dane), regiones como Vaupés, Guainía, Vichada, Amazonas, Chocó, Guaviare, Putumayo y amplias zonas rurales de La Guajira registran algunos de los menores niveles de conectividad del país.
En contraste, también concentran oportunidades para integrarse digitalmente, ampliando sus posibilidades de crecimiento económico y capitalizando un enorme potencial en actividades agropecuarias, turismo, bioeconomía, energías renovables y aprovechamiento sostenible de recursos naturales.
Hay espejos que demuestran que es posible avanzar más rápido: Brasil ha utilizado programas de conectividad satelital para conectar escuelas y comunidades aisladas de la Amazonía a través del programa Escuelas Conectadas, que ya supera las 82.000 instituciones educativas conectadas y se ha convertido en una herramienta para acercar educación, servicios y oportunidades a territorios históricamente desconectados.
Por supuesto, una tecnología no resolverá por sí sola los desafíos de desarrollo del país. El satélite debe formar parte de una estrategia más amplia que incluya fibra óptica, redes móviles, infraestructura digital, formación de talento y adopción tecnológica.
El desafío para el nuevo gobierno no es decidir si la conectividad es importante, sino cuánto tiempo más está dispuesto el país a esperar para integrar a millones de colombianos a la economía digital y ampliar sus oportunidades de educación, productividad e inversión.
Luis Gabriel Castellanos
Country Manager de IFX en Colombia.
Tomado de Portafolio.co:
https://www.portafolio.co/opinion/analisis/la-conectividad-como-politica-de-desarrollo-498847